Empecé en 1992 dibujando máquinas en una oficina técnica. Terminé dirigiendo plantas. En el medio pasé por casi todos los sectores.
Soy técnico mecánico de base y me formé como Analista Programador mientras trabajaba. Pero lo que sé de una planta de alimentos no lo aprendí estudiando: lo aprendí recorriéndola sector por sector. Oficina técnica, control de producción, planificación, costos, abastecimiento, logística, última milla.
Ahí está la diferencia práctica. Los problemas de datos y de procesos casi nunca viven adentro de un sector: viven en la costura entre dos, donde ninguno de los dos se siente dueño del problema. Yo estuve parado en las dos oficinas.
En cada puesto terminé haciendo lo mismo: convertir lo que pasa en la planta en números que sirvan para decidir. Tableros de producción, balance de masa, control de desvíos de costo, indicadores de gestión. Y en cada etapa me tocó estar del lado del que tiene que hacer funcionar una implementación de software, no del que la vende: cinco veces, dos de ellas con ERP corporativos.
Hoy uso todo eso para construir. La tecnología es actual —Python, PostgreSQL, n8n, agentes de IA corriendo en producción todos los días— pero el problema de fondo es el mismo que vengo mirando hace treinta años.